"Autopsia de un poder que no se enteró de su muerte" por Giovanny Marquina
En 1981, Gabriel García Márquez publicó "Crónica de una muerte anunciada", una novela donde lo relevante no es el misterio del asesino, sino la pasividad de un pueblo. La trama es sencilla pero devastadora, los gemelos Vicario anuncian a viva voz que matarán a Santiago Nasar para restaurar el honor familiar. A pesar de que todos conocen la amenaza, la tragedia se consuma por una mezcla de indiferencia, burocracia y la falsa creencia de que alguien más intervendrá. Al final, Nasar muere frente a una multitud que, pudiendo evitarlo, se limitó a observar.
Esta joya literaria sirve hoy como la analogía perfecta para la realidad política venezolana. La "muerte anunciada" no es otra que el agotamiento inevitable de un ciclo de poder que, tras años de mala gestión y traición a sus propios ideales y partidarios, se encamina hacia una caída que todos ven venir, pero que la cúpula de poder se niega a detener.
Al igual que Santiago Nasar, quien caminaba hacia su destino sin sospechar la gravedad de lo que ocurría, ciertos líderes actuales viven en el fenómeno del "aislamiento del poder" y ceguera política. Rodeados de asesores que solo filtran noticias complacientes, el gobernante se convierte en el último en admitir que su tiempo ha terminado. Esta ceguera no es accidental, es la consecuencia de haber sustituido la realidad de las calles por la ficción de los despachos.
La Traición a los ideales y al entorno, nos revela que la caída más dolorosa es la que nace de la deslealtad. Los líderes que hoy enfrentan su ocaso son aquellos que traicionaron la ética del servicio público. En su afán por sobrevivir, no solo han dado la espalda a las necesidades del pueblo, sino que han fracturado su propio entorno político.
Como los gemelos Vicario, que actuaban obligados por un código de "honor" ya caduco, muchos dirigentes actúan hoy movidos por un mandato de lealtad partidista ciega, sacrificando a sus cuadros más valiosos y alejando a sus aliados para proteger una estructura que ya no tiene sustento popular.
La traición a los principios originales del bienestar común ha sido el cuchillo que ha herido de muerte su credibilidad. El Juicio histórico de una gestión agotada, la historia, al igual que la crónica de Gabo, se escribe sobre hechos consumados.
La crisis de servicios, el deterioro institucional y el hambre son las señales que estuvieron a la vista de todos. Cuando una gestión pública se agota por su propia ineficiencia, comienza la "autopsia política", la opinión pública revisa cada advertencia ignorada, confirmando que el descalabro no fue un accidente, sino la consecuencia lógica de un liderazgo que prefirió su permanencia al beneficio colectivo.
A diferencia del libro de García Márquez, donde el destino parecía inalterable, en la política los finales se pueden transformar con voluntad y coraje. El ciclo de quienes traicionaron la esperanza está cerrándose ante nuestros ojos. Los Venezolanos estamos convencidos de que la reconstrucción del pais nace de romper esa inercia y de rescatar una política donde la palabra empeñada y el servicio al prójimo vuelvan a ser el norte, evitando que el futuro del país sea, una vez más, la crónica de otra tragedia anunciada.